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Desde la antigüedad, los obeliscos han simbolizado la conexión entre el cielo y la tierra, representando la búsqueda eterna del ser humano por comprender los misterios del universo. Hechos de lámina de aluminio, estos obeliscos contemporáneos mantienen la esencia de su ancestral linaje, pero con un giro moderno. Brillan con una luz propia, su elegancia simple captura la atención de quienes los contemplan, invitando a una reflexión sobre la continuidad de la historia y la evolución del arte a lo largo del tiempo.

Desde el nudo infinito, un símbolo de interconexión y continuidad sin fin, emerge una narrativa eterna de vínculos inquebrantables y ciclos interminables. En su forma enredada y sin principio ni fin aparente, este nudo encarna la complejidad de nuestras relaciones, tanto internas como externas. Cada curva y cada vuelta del nudo cuenta una historia única, una historia de encuentros y despedidas, de pérdidas y renacimientos. Aunque parezca un laberinto impenetrable, este nudo nos recuerda que, a pesar de los desafíos aparentemente insuperables, siempre hay una salida, una forma de deshacer los lazos que nos atan y encontrar la libertad en la conexión misma.

Esta serie de esculturas, forjadas en láminas reflectantes y marcadas por pliegues que distorsionan la realidad, invita al espectador a un viaje introspectivo. Cada obra actúa como un espejo, no solo del mundo externo, sino también de las profundidades ocultas del alma. Al reflejar y deformar lo que nos rodea, estas piezas desafían nuestra percepción, instándonos a contemplar cómo la realidad y nuestras verdades internas son moldeadas por nuestra interpretación del mundo. En esta interacción entre el arte y el observador, se revelan los reflejos del alma, ofreciendo una experiencia que trasciende la mera observación visual para convertirse en una reflexión sobre la esencia misma de nuestra existencia.

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